La ropa de cama: descripción y usos

La ropa de cama: descripción y usos

Definición e historia de la ropa de cama

Definición


La ropa de cama, por definición, hace referencia a todos los elementos de la cama, entre los que destacan el colchón y el somier, pero también, en un sentido más amplio, todos los accesorios que se utilizan con la cama (almohadas, sábanas...). A lo largo del tiempo, hemos visto cómo han evolucionado las funciones de la ropa de cama y hemos intentado averiguar hasta qué punto podíamos hacerla más cómoda, mejorando así nuestro sueño. Escenario de numerosas actividades, la ropa de cama ha atravesado las épocas, oscilando entre el lujo y la ostentación. El concepto de higiene no se incorporó hasta el siglo XIX y el de comodidad, a principios del XX.

La ropa de cama formó parte durante mucho tiempo de la dote de la novia. Aunque su compra suponía una parte importante del sueldo, tenía un carácter simbólico y se convertía en un elemento indispensable para establecer un hogar. La cama también ocupaba un lugar destacado en las escrituras notariales de herencia, pero, poco a poco, la ropa de cama heredada de los padres o abuelos tiende a ser sustituida por ropa nueva, con materiales más modernos como la espuma, que sustituye a la lana, y por muebles adaptados a la morfología de cada uno. En la actualidad, la relación de las personas con la cama está cambiando; las nuevas mentalidades la hacen menos sagrada y, aunque se ha convertido en un elemento importante dentro del mobiliario de la casa, ya no se dedica exclusivamente al sueño.

Historia

El mueble de gala


Así se consideraba la cama en los tiempos más remotos: esculpida, con incrustaciones de piedras preciosas, hecha para durar y acompañar a los príncipes del Antiguo Egipto hasta la eternidad. Más tarde, en la Antigua Grecia, la cama se utilizaba para comer y para dormir, y los griegos participaban en grandes banquetes en sus camas, siempre de una arquitectura muy elaborada, pero con patas más altas para facilitar el servicio. Aún no se utilizaban sábanas, pero las colchas y las almohadas estaban bellamente elaboradas y bordadas.

La cama es un símbolo de riqueza entre los romanos, y empieza a vislumbrarse la noción de comodidad en la forma de la ropa de cama. La calidad y la belleza de los tejidos son muy importantes y signos de opulencia. El estilo no es sobrio, sino que prima la ostentación. En cuanto a su forma, la cama sigue siendo alta, muy inspirada en el modelo griego, siempre con el objetivo de utilizarla a la hora de las comidas. Las patas están trabajadas y empiezan a aparecer la cabecera y los pies de cama.

En la Edad Media, este uso tan refinado de la cama continuará entre los ricos, en contraposición al uso más común que le dará el pueblo, que busca calor y comodidad y en el que la cama es a veces la única disponible y la utilizan varias personas. Es a partir del Renacimiento cuando la cama alcanzará todo su valor, y Francia cuenta con algunos de los modelos más destacados. La cama es un mueble de gala, situado a menudo en el centro de la habitación, con columnas que sostienen un dosel adornado con telas para conferir intimidad al lecho.

La cama: cómoda y reparadora


Tras la Revolución, la cama se vuelve más íntima y el concepto de comodidad cobra importancia. Las diferentes formas de utilizar la cama, según el lugar o el momento del día, dieron lugar a la creación de nuevos modelos y productos: aparecieron las camas individuales, así como los colchones de algodón, menos propensos a la infestación de insectos. No fue hasta principios del siglo XIX cuando aparecieron los muelles, y la era de la industrialización permitió la creación de talleres equipados con las máquinas-herramienta necesarias para fabricar las piezas que componen la cama.

Con la llegada de la espuma en la década de 1940, la comodidad está ahora al alcance de todos. Los criterios cambian: la cama debe ser cómoda y saludable, y se asocia directamente con el sueño y el descanso. La cama debe ser reparadora, ya que un tercio de la vida transcurre en ella. Presente desde el primer hasta el último día de nuestra vida, es un espacio privilegiado para cada uno, en función del uso que le dé. Hoy en día, la fabricación de ropa de cama es un sector que ha evolucionado hacia productos que se adaptan a todos los gustos y a todas las complexiones. A menudo se trata de una inversión a largo plazo, cuyo rendimiento no se mantiene constante con el paso de los años (se produce un deterioro de aproximadamente un 25 % tras 10 años de uso). Por lo tanto, la ropa de cama debe renovarse para seguir cumpliendo con las exigencias que se le plantean.

La ropa de cama: los diferentes somieres y colchones

Los diferentes somieres

Aspectos generales sobre los somieres


Dada la importancia del somier para el confort, su elección debe estar directamente relacionada con la del colchón, en función de la composición de este último. Para optimizar el confort de la ropa de cama, es imprescindible optar por un somier capaz de amortiguar un tercio de los impactos que recibe el colchón. Por eso se recomienda encarecidamente no combinar un somier y un colchón cuya compatibilidad no esté demostrada, ni dos elementos cuyo grado de desgaste no sea el mismo. Por regla general, los fabricantes ofrecen el somier que mejor se adapta al colchón y que permitirá optimizar su comodidad. Los somieres pueden ser de láminas o de muelles.

Cuando el somier está recubierto de tela (tanto el marco como la superficie), se habla de somier tapizado. Es una forma eficaz de proteger el colchón y de ofrecer sujeción en toda la superficie del somier. Dentro de la gama de somieres tapizados también existe un modelo cuyos bordes están elevados, más conocido como «forma de cuenco», que permite mantener el colchón bien sujeto en su sitio. Tanto si es tapizado como de estructura desnuda, el somier puede montarse con patas o ser extraplano para encajarlo en el armazón de la cama. Por último, la ventilación y la aireación de la ropa de cama son importantes, ya que perdemos una cantidad media de 40 cl de agua por noche. Esta ventilación es menor en los somieres tapizados, ya que la tela actúa como aislante. Sin embargo, para las personas alérgicas, los somieres sin tapizado son menos propensos a la proliferación de ácaros.

El somier de muelles


Compatible únicamente con colchones de muelles, para garantizar su calidad, el somier de muelles ofrece varios niveles de confort en función de las diferentes características de los muelles y, sobre todo, de su número. De hecho, cuanto mayor es el número de muelles, mejor es la distribución de la presión corporal sobre la superficie del somier. Asimismo, el desgaste será más lento si el número de muelles es elevado. El diámetro del alambre de acero que une los muelles también es importante: se observa que, cuanto mayor es el diámetro del alambre, más firme es el somier. Para este tipo de colchón, existen tres tipos de muelles, cada uno con sus propias características.

Los muelles bicónicos en forma de espiral están unidos por alambres de acero a lo ancho. Se trata de un muelle que se adapta a todas las complexiones, con un soporte progresivo y cuya reacción está directamente relacionada con la presión ejercida por el cuerpo. Esta configuración, que resulta duradera en el tiempo, se clasifica dentro de la categoría de soportes más bien firmes. De media, este tipo de somier cuenta con 300 muelles.

Los muelles ensacados están envueltos individualmente en una tela, lo que permite un soporte eficaz tanto a lo largo como a lo ancho. La independencia de descanso es mayor, ya que los muelles son independientes entre sí. Este tipo de configuración supone una verdadera ventaja para las camas de matrimonio, ya que no se producen molestias provocadas por los movimientos de ninguna de las dos personas. Los fabricantes han desarrollado varias tecnologías de muelles ensacados, pero, en general, el soporte es firme y óptimo gracias a la distribución de los muelles por toda la superficie y al número de muelles, que oscila entre 600 y 1200 aproximadamente.

Por último, los muelles multiespirales están formados por un alambre de acero en espiral que atraviesa todo el somier. Este tipo de somier se adapta a todas las complexiones, incluso a las personas corpulentas. El soporte es homogéneo en toda la superficie del colchón y, al igual que en los muelles ensacados, cuenta con un refuerzo en el centro para un soporte eficaz de la zona lumbar. El número de muelles es elevado, entre 600 y 2000.

El somier de láminas


El somier de láminas es compatible con todo tipo de colchones, pero resulta especialmente adecuado para colchones de espuma o de látex. Las láminas pueden quedar a la vista o estar recubiertas, lo que permite proteger mejor el colchón y uniformar la superficie de descanso de la cama. Se colocan a lo ancho, y existen varios niveles de calidad de somier en función del número de listones, que puede variar entre 16 y 32. Al igual que en los somieres de muelles, la comodidad está directamente relacionada con el número de láminas: cuanto mayor sea este, más cómodo será el somier y mejor será el soporte.

Las lamas más eficaces son las de madera de haya; las de abeto o abedul no ofrecen la misma calidad. Pueden ser de contrachapado, un proceso que combina finas láminas de madera, encoladas filó a filó, lo que aporta mayor resistencia al tiempo que favorece la flexibilidad del somier. Debido a su posición, a cada lado del eje del somier, las láminas también favorecen la independencia de cada zona de descanso. Se trata de un tipo de producto muy habitual en el mercado de la ropa de cama.

Los diferentes tipos de colchones

Información general sobre los colchones


La palabra «colchón» proviene de una expresión árabe que significa «lanzar un cojín al suelo». Era un método muy utilizado durante las cruzadas para dormir y, con el paso de los siglos, la palabra «colchón» ha pasado a designar nuestro producto actual. Atrás quedaron la crin, la paja o la lana de nuestras abuelas, que proporcionaban colchones con una sensación acogedora pero que, a largo plazo, perdían muy rápidamente sus cualidades y requerían que el colchón se renovara con regularidad. Hoy en día, los colchones se componen de dos partes, cada una de las cuales tiene su importancia en cuanto al confort y la durabilidad del producto: la suspensión o núcleo del colchón, que garantiza el confort, y el relleno, que asegura la adaptación al cuerpo.

En el sector de la ropa de cama, actualmente existen tres tipos de suspensiones: de muelles, de espuma o de látex. Por su parte, el relleno, según su composición (sintética o natural), se califica de firme o mullido. El colchón está totalmente recubierto por un tejido denominado «funda», que desempeña una función estética, pero también influye en la flexibilidad y la higiene del colchón. Así, cada componente del colchón tiene su importancia en cuanto a la comodidad, el soporte corporal y la independencia de los lechos.

La suspensión de muelles


Al igual que en los somieres, la suspensión de los colchones de muelles está compuesta por alambre de acero cuyo diámetro y forma están directamente relacionados con el confort y el soporte del colchón. Encontramos los mismos tipos de muelles —bicónicos, ensacados o de múltiples espiras— que en los colchones, con las mismas características de comodidad e independencia de descanso. Los muelles ensacados individualmente están especialmente recomendados para quienes buscan independencia de descanso; los muelles de múltiples espiras, que se extienden a lo largo de todo el colchón, se caracterizan por una sujeción total del cuerpo y de la zona lumbar, y son adecuados para personas corpulentas.

El material utilizado para los muelles es natural y resistente al paso del tiempo (acero) y la cualidad común a todos los colchones de muelles, independientemente de la forma de estos, es la ventilación. Por ello, se trata de un producto especialmente indicado para personas que sudan abundantemente. La ventilación se produce fácilmente en el interior del colchón, gracias al espacio que queda entre los muelles. Sin embargo, es importante contar con un aislante entre los muelles y el relleno, para garantizar que la persona que duerme no sienta la presión de los muelles. La suspensión de muelles, aunque debe hundirse ligeramente cuando la persona se acuesta, también debe ser capaz de resistir una fuerte presión, y es imprescindible que ofrezca una respuesta progresiva al peso ejercido por el usuario.

La suspensión de espuma

Aspectos generales sobre la suspensión de espuma


En el sector de la colchonería, existen dos técnicas de fabricación de la espuma. La primera es el moldeado individual, en el que el núcleo del colchón se fabrica en un molde único del tamaño deseado para el colchón. La segunda se denomina fabricación en continuo y consiste en cortar un trozo de espuma de un bloque de longitud infinita, del tamaño del colchón deseado. Desde hace algunos años, la fabricación de espuma se ha orientado hacia productos naturales, y los fabricantes ya no utilizan clorofluorocarbonos (CFC) ni gases de efecto invernadero en la composición de la espuma, con el fin de respetar el medio ambiente. En este contexto, el colchón de espuma es un producto muy recomendado para personas que padecen alergias o problemas respiratorios (asma, enfisema...). Existen varias características que diferencian a las espumas utilizadas para la fabricación de colchones.

En primer lugar, es importante fijarse en la densidad. Una espuma de alta densidad mejorará la durabilidad del colchón, permitiéndole conservar su elasticidad y evitar que se deforme. También hay que prestar atención a la compresión de la espuma, que es lo que confiere al colchón su flexibilidad o firmeza. Cuanto mayor sea la compresión de la espuma, más firme será el colchón. Se trata de una elección que debe hacerse en función de la complexión de cada persona y de su propia idea de comodidad. Existen tres tipos de espuma (espuma de poliéter, espuma de poliuretano y espuma viscoelástica con memoria de forma) que se diferencian por su grosor y su densidad.

Poliéter y poliuretano


La espuma de poliéter no tiene una densidad elevada, inferior a 25 kg/m³. No ofrece una gran resistencia al peso ni a los movimientos del usuario. Por ello, los colchones de este tipo son más adecuados para niños que para adultos. La independencia de lecho no se respeta debido a su baja densidad, y el colchón se deforma rápidamente.

La espuma de poliuretano, en sentido amplio, es aquella cuya densidad supera los 28 kg/m³. A partir de 30 kg/m³ se habla de espuma de poliuretano de alta resiliencia y algunos modelos de gama alta pueden llegar hasta los 60 kg/m³. La resiliencia es la capacidad de la espuma para recuperar su forma inicial. El proceso de alta resiliencia es un método de fabricación de espuma en frío, en el que la compresión hace que las burbujas de aire revienten, lo que confiere a la espuma una garantía de durabilidad y una calidad superior. Los colchones de espuma de poliuretano de alta resiliencia son productos de calidad que se encuentran con frecuencia en el mercado de la ropa de cama.

Espuma viscoelástica


Desarrollada por la NASA en la década de 1970 para garantizar la comodidad de los astronautas que partían en misiones de larga duración, la espuma con memoria de forma o espuma viscoelástica se utiliza ahora en el ámbito médico para personas que permanecen postradas en cama durante largos periodos. Anteriormente se le reprochaba que generara demasiado calor debido a su densidad, pero los nuevos procesos de fabricación han logrado reducir estos inconvenientes y hacer que este producto resulte más atractivo.

La espuma con memoria de forma, una tecnología de alta gama, tiene la capacidad de adaptarse perfectamente al cuerpo y, sobre todo, de modificarse según la posición que se adopte en la cama. Se reduce la tensión muscular y se absorben los puntos de presión, lo que permite reducir los movimientos del usuario durante el sueño. Se trata de una espuma muy sensible a la temperatura, lo que le permite amoldarse al cuerpo. Su índice de resiliencia es superior al de la espuma de poliuretano, lo que la convierte en una espuma de alta calidad en el mercado de la ropa de cama. Además, su densidad es elevada, oscilando entre 50 y 85 kg/m³.

El látex


El látex, un producto natural, se obtiene de la savia del árbol del caucho y se recolecta realizando incisiones en el tronco del árbol. El látex no es un material duradero, por lo que los fabricantes de colchones deben añadirle látex sintético para mejorar su durabilidad y estabilidad. La cantidad de látex natural presente en el colchón está, evidentemente, relacionada con la calidad de este: cuanto mayor sea el porcentaje de látex, mejores serán las cualidades de elasticidad y comodidad del colchón. Un colchón debe contener al menos un 85 % de látex natural para poder llevar esa etiqueta. Por debajo del 50 %, se utiliza el término «látex sintético». Las placas de látex están perforadas para proporcionar un confort óptimo, y el grado de hundimiento vendrá determinado por el diámetro de las perforaciones.

Los colchones de látex son los que menos se deforman y los que ofrecen mayor comodidad. Su densidad debe ser, como mínimo, de 70 kg/m³ para garantizar una elasticidad adecuada y evitar que el colchón se deforme. Las propiedades antibacterianas y antiácaros del látex lo convierten en un material atractivo para las personas que padecen alergias. Algunos modelos presentan un colchón alveolar, un proceso que «divide» el látex en varias zonas de apoyo adaptadas a cada una de las partes del cuerpo. Se trata de modelos de colchones de gama alta, pero que son especialmente apreciados por las personas con problemas de espalda. El precio de los colchones de látex sigue siendo elevado, pero es un producto que, a largo plazo, garantiza un confort constante.

La ropa de cama: el somier, el relleno, la funda y los accesorios

El somier


Una vez elegida la ropa de cama en el sentido estricto del término, es habitual fijarse en los diferentes tipos de cama como soporte que podrán acoger dicha ropa de cama. Aunque se pueden adaptar fácilmente unas patas al somier y optar por utilizar la ropa de cama en su forma fija (somier + colchón), existen diferentes modelos de estructura de cama o marco que pueden realzar la ropa de cama y conferirle un aspecto más estético o incluso de diseño. En este contexto, solo cambiará la forma del somier, y se elegirá un tipo de somier empotrable extraplano que se colocará dentro del marco de la cama. Por lo general, se trata de somieres de láminas.

Los materiales más habituales para los marcos de cama son la madera y el metal. El pino es un gran clásico que se adapta a cualquier dormitorio, ya que es un material cálido, fácil de mantener y resistente al paso del tiempo. El pino se puede teñir de diversos colores, barnizar o envejecer en función del ambiente que se desee dar a la estancia. Otros materiales, como el bambú o el ratán, se utilizan sobre todo en los dormitorios de adultos, ya que aportan un toque exótico a la estancia. Su resistencia y su facilidad de mantenimiento resultan muy atractivas. Los metales más utilizados son el aluminio y el hierro forjado. Son muy diferentes en cuanto al aspecto y al ambiente que aportan a la estancia: las curvas del hierro forjado resultan más acogedoras, mientras que el aluminio transmite una sensación más fría.

El relleno


El relleno o revestimiento del núcleo determinará la calidad del confort del colchón. Es lo que se ve del colchón, ya que envuelve toda la estructura, ya sea de muelles, espuma o látex. El relleno se compone de diferentes capas, rematadas por la funda exterior. Estas capas siguen un orden lógico, teniendo en cuenta que el material más grueso será el último en colocarse, ya que será el más cercano a la persona que duerme, debajo de la funda exterior. El grosor debe ser de al menos 4 cm para garantizar un confort satisfactorio. Existen varios tipos de relleno, siendo los más habituales la guata, la lana, el algodón o la seda. También se encuentra, en colchones de gama más bien baja del mercado de la ropa de cama, un relleno de espuma, pero este no tendrá la calidad que cabe esperar de un colchón. Por eso, la selección de los productos debe ser rigurosa para que esta importante etapa de la fabricación del colchón resulte satisfactoria.

Muchos modelos cuentan ahora con una cara de verano y otra de invierno, con dos rellenos alrededor de la estructura. La seda y la lana son materiales que aportan calor, ideales para el invierno. El lino o el algodón tienen propiedades refrescantes y absorbentes que también permiten una buena regulación térmica. Los fabricantes de ropa de cama han acordado colocar su etiqueta en la cara de invierno del colchón y así es como se diferencian ambas caras. Aunque la presencia de una cara de invierno puede resultar innecesaria en nuestros hogares, que cuentan con una calefacción adecuada, este sistema también nos recuerda que hay que dar la vuelta al colchón al menos dos veces al año, un gesto imprescindible para prolongar su vida útil.

El tejido exterior


El colchón está recubierto por un tejido que se conoce comúnmente como «coutil». En el mercado de la ropa de cama existen diferentes calidades de coutil (tejido elástico, viscosa, algodón o bambú), y es importante elegirlo con cuidado. Además de su función estética, también influye en la flexibilidad y el confort del colchón y, por supuesto, en la higiene (antibacteriano, antiácaros, antimoho, hipoalergénico), ya que está en contacto directo con el usuario de la ropa de cama.

El tejido elástico es un proceso que flexibiliza las fibras, dotándolas así de mayor elasticidad; la viscosa es una fibra vegetal, similar a la seda. Por su parte, el algodón y el bambú se utilizan mucho en las fundas de colchón por sus cualidades de resistencia y frescor. Algunos colchones tienen dos caras (cara de verano y cara de invierno) y la funda se adapta a esta particularidad al estar compuesta por un material diferente para cada una de las caras (lana y algodón, por ejemplo). Las nuevas tecnologías han permitido desarrollar una funda que regula la temperatura corporal. Está compuesto por microcápsulas que, nada más acostarse, captan el calor y lo liberan a lo largo de la noche. También existen fundas en las que se tejen hilos de carbono para eliminar la electricidad estática del usuario del colchón.

La colocación de la funda es la última etapa de la fabricación del colchón. Los avanzados equipos tecnológicos permiten automatizar ciertas partes de la fabricación del colchón, pero algunas tareas siguen siendo dominio de la destreza y el trabajo humano y, con el fin de lograr un acabado impecable, se realizan manualmente. Algunas marcas se enorgullecen de realizar estos acabados a mano, desde el corte de la funda hasta el cierre del colchón, pasando por la colocación de etiquetas o asas.

Las almohadas


Son elementos que cada vez se incluyen con más frecuencia en la compra de la ropa de cama en sentido estricto (somier + colchón), ya que la comodidad del cuerpo también depende de sus características. La almohada tiene la función de sostener la columna vertebral, pero también hay que elegirla en función de la postura que solemos adoptar al dormir. Será más bien voluminosa y no demasiado firme si dormimos boca arriba; en cambio, mucho menos voluminosa si dormimos boca abajo.

La composición de las almohadas varía en función del objetivo que se persiga; se pueden utilizar numerosos materiales, en su mayoría sintéticos (espuma de poliuretano de diferentes calidades) o naturales para una ropa de cama más ecológica (plumas, semillas de espelta, cáscara de semillas de soja…). La suavidad y la comodidad del relleno de plumas pueden resultar atractivas, al igual que su vida útil, mucho más larga que la de un relleno de espuma; sin embargo, su carácter alergénico a veces plantea problemas. La espuma, si está compuesta por aglomerados sintéticos, se deteriora más rápidamente. Algunos fabricantes ofrecen modelos de almohadas de espuma sintética de gran calidad, que destacan también por su forma especial, que les permite amoldarse perfectamente al contorno de la nuca. De este modo, proporcionan un apoyo perfecto y alivian los músculos del cuello y los hombros al dormir de lado o boca arriba. En cualquier caso, una almohada inadecuada puede provocar dolores en la zona cervical y hacer que se pierda el beneficio de una buena ropa de cama.

El edredón


Los orígenes del edredón se remontan a la Edad Media. En el norte de Europa, como regalo de boda, se ofrecía un saco relleno de plumón de ganso, que prometía aportar calor y comodidad durante los duros inviernos y en viviendas mal calefactadas. Sin embargo, los numerosos inconvenientes de este producto (apelmazamiento de las plumas, ácaros, alergias…) lo apartaron de la ropa de cama y permitieron la aparición de las sábanas a principios del siglo XX. Con la aparición de los materiales sintéticos y de nuevas técnicas de tratamiento de los tejidos para reducir sus efectos indeseables, el edredón ha vuelto a ocupar un lugar en la ropa de cama, aportando comodidad y estética.

La calidad del edredón depende de la composición del material de relleno con el que está fabricado. Natural o sintético: a menudo supone un auténtico dilema a la hora de elegir. El material sintético del mercado de la ropa de cama es el aliado imprescindible de las personas alérgicas, siempre que cuente con un tratamiento adecuado y esté certificado. El precio de un edredón sintético también resulta atractivo, lo que se debe a que la materia prima es más económica al no ser natural, y a que los procesos de fabricación son menos complejos. Sin embargo, su vida útil es más corta, ya que el lavado contrae las fibras sintéticas. Los materiales naturales son, sin duda, los más mullidos. Gracias a su ligereza, envuelven el cuerpo proporcionando una sensación de suavidad, y el volumen de aire entre los copos de plumón tiende a reducir la sudoración. Por último, la funda nórdica también desempeña un papel importante, y se ofrece en diferentes materiales (algodón de diversas calidades, expresadas en número de hilos por cm², percal, satén, lino…), cada uno de los cuales, a su manera, puede satisfacer al consumidor.

La nueva ropa de cama

Ropa de cama con certificación y ropa de cama ecológica


En el contexto actual, los esfuerzos de los fabricantes se centran en el desarrollo sostenible y la protección del medio ambiente, y el consumidor busca participar en ello adquiriendo productos con certificación para contribuir a este esfuerzo. El Consejo Nacional de la Ropa de Cama agrupa a una serie de fabricantes que se han comprometido a respetar una carta elaborada conjuntamente con el CTBA (Centro Técnico de la Madera y el Mobiliario), la carta «BELLE LITERIE». La ropa de cama que lleva la etiqueta «BELLE LITERIE» debe haberse fabricado según un riguroso pliego de condiciones, que abarca la conformidad del producto, sus modalidades de fabricación y los controles a los que ha sido sometido.

Por su parte, la ropa de cama ecológica utiliza materiales naturales sin transformar. Deben evitarse los materiales que contengan COV (compuestos orgánicos volátiles), como ciertas espumas. Algunos fabricantes de espuma sustituyen los derivados del petróleo por aceites vegetales (eucalipto, limón...) y pueden acercarse a una denominación ecológica. El látex o la lana forman parte de los materiales 100 % naturales y contribuyen a la fabricación de ropa de cama ecológica. Se excluyen las fundas sintéticas, y se optará más bien por fibras de lino o de bambú, o por algodón ecológico. La etiqueta Oko-Tex certifica que el producto no contiene sustancias tóxicas que pudieran haberse introducido durante el lavado o el teñido. La madera utilizada para los somieres cuenta con la certificación PEFC (Programa de Reconocimiento de Certificaciones Forestales), que garantiza una gestión sostenible de los bosques y certifica los productos comercializados. Por su parte, la certificación FSC garantiza una gestión ecológica de los productos, así como el respeto hacia la población indígena.

La cama supletoria


Como reflejo de los tiempos modernos y de la movilidad de la población (vacaciones, fines de semana, visitas familiares…), la cama supletoria resulta una ayuda indispensable para dormir de forma improvisada. Este tipo de cama la suelen utilizar los jóvenes. La elección depende del espacio disponible para instalarlo, del presupuesto, pero también de la facilidad para guardarlo y montarlo. El futón es ideal para quienes buscan comodidad y una instalación rápida; sin embargo, su precio sigue siendo elevado. El colchón hinchable es una de las soluciones que combinan un presupuesto moderado con una fácil instalación y almacenamiento. Está disponible en dos tamaños: individual o doble.

El inflado del colchón suele ser eléctrico y se realiza rápidamente. El sistema puede consistir en una bomba independiente (a pilas o conectada a la red eléctrica) que se acopla a una válvula del colchón. Lo más habitual es que el sistema esté integrado en el propio colchón; en ese caso, un cable se conecta directamente desde el colchón a una toma de corriente estándar. Estos sistemas garantizan un inflado prácticamente instantáneo. Algunos están equipados con válvulas de rueda giratoria para poder ajustar fácilmente la firmeza y el desinflado, de modo que se adapten a cada complexión.

La ropa de cama de relajación


Así se denomina a la ropa de cama móvil (eléctrica o manual) que no es, como se podría pensar, ropa de cama medicalizada, sino simplemente un producto diseñado para aportar mayor comodidad y relajación. El somier, que es móvil y permite elevar los pies y la cabeza para personalizar la posición según las preferencias de cada uno. En el caso de una cama de matrimonio, se recomienda encarecidamente optar por dos somieres independientes sobre los que se colocarán dos colchones, con el fin de individualizar la posición de cada durmiente. La mayoría de los modelos eléctricos ofrecen entre 3 y 5 posiciones de descanso (o posiciones del cuerpo); la elección dependerá de los objetivos y del presupuesto que se haya fijado para la compra del producto. La ropa de cama de relajación manual ofrece menos posibilidades en cuanto a posiciones.

A menudo, en el ámbito de las camas de relajación se encuentran somieres de láminas, pero la suspensión con cojines también destaca por ofrecer un confort óptimo. Los cojines son independientes, se mueven y siguen con gran precisión los movimientos del cuerpo. La combinación de cojines y listones ofrece además una solución ideal, especialmente recomendada para personas corpulentas y para aquellas que cambian a menudo de postura mientras duermen.

Los colchones denominados «colchones de relajación» están diseñados para adaptarse a este tipo de somier móvil. El núcleo del colchón está especialmente concebido para que se amolde a todas las formas del somier articulado. Los movimientos no deben provocar daños y el colchón debe soportar los sucesivos cambios de posición. En cuanto a la composición del colchón de relajación, siempre encontramos el mismo tipo de suspensión que en un colchón fijo: muelles, espuma o látex, adaptados a la movilidad del somier. Lo más habitual es que se recomienden el látex y la espuma viscoelástica, ya que son materiales de alta densidad que tienen la particularidad de no deformarse.

El futón

Aspectos generales


A finales de los años 80 apareció en Francia lo que se conoce como «futón». Se trata de un concepto de descanso que, más allá de la comodidad, aporta un toque de diseño. La palabra «futón» significa «colchón» en japonés y, durante mucho tiempo, ha formado parte de los sistemas de descanso auxiliares o que ahorran espacio, consistiendo en una simple pieza de algodón que se desenrollaba a la hora de acostarse. En la actualidad, los fabricantes de futones se han inspirado en la tradición japonesa para adaptar modelos a nuestra ropa de cama. Se trata de colchones de gran calidad, que proporcionan un buen soporte para la espalda y son ecológicos, ya que utilizan materiales naturales.

Los colchones futón constan de capas acolchadas de algodón cardado (cuyas fibras se han separado entre sí para recuperar volumen y mullido) que conforman el colchón, todo ello envuelto en una funda de tela. Unos puntos de pespunte mantienen las capas en su sitio y garantizan la estabilidad del colchón. En algunos modelos, para ajustar la firmeza y la elasticidad, se pueden añadir otras capas (espuma, látex, fibra de coco). La vida útil de un futón no es inferior a la de una ropa de cama convencional y oscila entre 10 y 12 años, en función de su mantenimiento y uso.

Relleno y soporte


El futón 100 % algodón tiende a apelmazarse y a perder flexibilidad, pero tras unos dos meses de uso se estabiliza y se mantiene constante con el paso del tiempo, ofreciendo la comodidad que se espera de él. Por lo general, es fino y firme. Lo más habitual en el mercado de la ropa de cama son los futones que combinan algodón y látex, algodón y espuma o algodón y fibra de coco. El látex es un material vegetal alveolar que aporta flexibilidad al futón; no se hunde y proporciona ventilación al colchón, lo que facilita su mantenimiento. La fibra de coco es una fibra natural extraída del coco. Sus propiedades de resistencia a la presión son superiores a las del látex, pero, al combinarse, estos dos materiales contribuyen a optimizar la sensación de comodidad y el soporte del futón.

El futón se coloca sobre el suelo, previamente cubierto con un tatami, compuesto por varias capas de paja de arroz recubiertas de junco trenzado, un conjunto inspirado en la más pura tradición japonesa. En el mercado existen varios tamaños y modelos de tatami, adaptables a la superficie del suelo de que se disponga. Hay que prestar especial atención a su grosor y densidad, ya que son factores que garantizan la vida útil del tatami. De forma más tradicional, el tatami también puede cubrir un somier de listones para colocar encima el colchón futón.

Los colchones de gel y agua


En lo que respecta al soporte corporal y a la absorción de impactos, las propiedades del gel ya están más que demostradas en numerosos productos: plantillas de calzado, sillines de bicicleta. Poco a poco, el gel va haciendo su aparición en el mundo de la ropa de cama, abriendo numerosas posibilidades para mejorar el confort. Varias decenas de columnas de gel, independientes entre sí, se colocan sobre una capa de espuma de poliuretano para formar el colchón. La independencia de la superficie de descanso está garantizada, ya que cada una de las columnas actúa de forma independiente, y sus propiedades de elasticidad y resistencia al peso son sorprendentes. Aunque el colchón de gel no se comercializa de forma habitual, posee cualidades que lo convierten hoy en día en un producto atractivo.

El colchón de agua quiere transmitir hoy en día una imagen de comodidad y firmeza. Funciona de manera opuesta al colchón tradicional, ya que se adapta al cuerpo y reduce casi por completo los puntos de compresión y, por lo tanto, los movimientos de quien duerme. El agua se almacena en una bolsa de vinilo, insensible a la proliferación de ácaros o bacterias, lo que supone una ventaja para las personas alérgicas. Por último, el confort es óptimo: las fibras estabilizan el agua para evitar la sensación de flotar y aportan firmeza. En una cama doble, el colchón contiene dos bolsas separadas. Algunos modelos incluyen un termostato para calentar el agua.

La elección de la ropa de cama

El impacto de la ropa de cama en el sueño


El sueño está relacionado con la salud y el bienestar. La falta de energía y de rendimiento durante el día, así como las dificultades para concentrarse, son consecuencias de un sueño deficiente. El papel de la ropa de cama ha cobrado importancia para todos y, por ello, el Instituto Nacional del Sueño y la Vigilancia (INSV) y la Asociación para la Promoción de la Ropa de Cama (APL) han decidido asociarse para concienciar a la población de que la ropa de cama y el sueño reparador están íntimamente relacionados. La cama influye de manera importante en la calidad del descanso y en la resolución de los problemas de espalda. Varios estudios han comparado las sensaciones de los usuarios de ropa de cama nueva con las de quienes utilizan ropa de cama con una antigüedad de 10 años o más. De este estudio se desprendió que todos los participantes que utilizaron la ropa de cama nueva experimentaron un sueño reparador, menos agitado y una mejor noche de descanso.

Asimismo, análisis más exhaustivos han demostrado una disminución de la actividad muscular, así como del número de microdespertares, al dormir en ropa de cama nueva. Otros estudios han relacionado la calidad de la cama y del sueño en personas con trastornos y han permitido poner de manifiesto que una ropa de cama de calidad es una ventaja para las personas con un sueño especialmente frágil. Asimismo, la actividad diurna parece estar directamente relacionada con un sueño eficaz y reparador.

La medición del desgaste


En general, los fabricantes de ropa de cama le atribuyen una vida útil de 10 años, lo que equivale a unas 30 000 horas de uso. Sin embargo, otros signos, como el insomnio frecuente o los dolores de espalda o lumbares al despertarse, deben servir de aviso sobre el estado de la ropa de cama y la necesidad de cambiarla. Asimismo, una funda dañada, o incluso rasgada, y hundimientos muy pronunciados en el colchón son signos de desgaste que presagian un estado avanzado de deterioro del interior del colchón. Muchas personas afirman que la calidad de la ropa de cama es importante para la salud y para la calidad del sueño.

En caso de duda, cualquiera puede comprobar el estado de su colchón presionando con las manos bien planas sobre él y observando su reacción. Si el colchón tiende a hundirse, ya no ofrecerá el soporte óptimo para la espalda y habrá perdido sus cualidades. Cuando las diferentes zonas sobre las que se apoyan las partes del cuerpo (pies, glúteos) quedan muy marcadas, se puede concluir que el colchón ha perdido elasticidad y le cuesta recuperar su forma inicial, lo que indica que es necesario sustituirlo. La higiene también es importante, incluso aunque el colchón esté protegido con una funda y no esté en contacto directo con el cuerpo.

Criterios de elección

Aspectos generales


El factor más importante es la comodidad, y el objetivo que se persigue es, por tanto, un sueño reparador. Hay cuatro criterios que se complementan y que, combinados entre sí, harán posible este objetivo: la acogida, la firmeza, el soporte y la independencia de las zonas de descanso. Es la combinación de estos cuatro elementos lo que permitirá encontrar la ropa de cama adecuada, adaptada a la morfología de cada uno, y esta combinación no será la misma para todos, ya que cada persona tiene su propia idea de lo que es una buena ropa de cama.

En cuanto a la acogida, hay que fijarse en el relleno del colchón: los sintéticos, que son más firmes, o los naturales (algodón, lana o seda), que aportan más suavidad al descanso. Los demás criterios —firmeza, soporte e independencia de los lechos— están relacionados tanto con el colchón como con el somier. Por eso, muy a menudo, el somier y el colchón se fabrican para combinarse, y es importante elegirlos de la misma gama para ayudar a optimizar el confort y prolongar la vida útil del colchón.

El tamaño de la cama también es importante y se recomienda elegir un colchón unos 15 cm más largo que la propia estatura. Actualmente, los colchones se comercializan en varios tamaños, aunque no se trate de un producto a medida. Las medidas más habituales en el mercado para una cama individual son 90 x 190 o 90 x 200. En el caso de las camas de matrimonio, el estándar sigue siendo 140/190 cm, pero en el mercado se encuentran fácilmente dimensiones mayores en anchura, como los 160 cm, o en longitud, como las camas de 200 cm. Los fabricantes de ropa de cama se adaptan a estas dimensiones y es fácil equiparse con sábanas, edredones y mantas para camas de estas medidas. Más allá de estas medidas, la compra de ropa de cama puede resultar difícil, pero también costosa.

La personalización del confort


La compra de ropa de cama supone una inversión económica importante que no debe hacer olvidar que se trata de una elección personal que debe ajustarse no solo a un presupuesto, sino también a una serie de requisitos en cuanto a la comodidad y las características de la ropa de cama que uno se haya fijado. Sea cual sea su composición, la ropa de cama debe durar y conservar sus cualidades el mayor tiempo posible; su rendimiento debe disminuir muy lentamente. Al adaptarse a la morfología, debe permitir una buena relajación y un sueño reparador, y eso es lo que hace que cada persona tenga que tomar su propia decisión en función de su altura y su peso, pero también en función de la idea de comodidad que se haya forjado.

Es a la hora de acostarse cuando nuestro cuerpo se libera de las tensiones acumuladas durante el día, y la relajación debe ser óptima. El soporte del cuerpo debe respetar ciertas características según las zonas que descansan sobre la ropa de cama. Mientras que los hombros y la pelvis requieren una presión mayor y equilibrada, la zona lumbar y las piernas necesitan una presión menor. En general, aunque algunos prefieran una colchoneta firme y otros una más blanda, no debe percibirse ninguna tensión y el cuerpo debe descansar de tal forma que no sienta ninguna restricción. Cuanto más adecuado sea el colchón, más tiempo mantendrá el durmiente la misma posición y disfrutará de un sueño reparador. La independencia de los lechos es también un criterio muy importante a la hora de elegir, ya que se estima que la media de movimientos realizados por noche es de unos 40.

Se trata, por tanto, de una elección muy personal y, a pesar de los consejos que ofrecen los vendedores o los distintos catálogos, es imprescindible probar el colchón antes de comprarlo para comprobar que se adapta bien a nosotros. En realidad, no existe ninguna clasificación que permita juzgar la calidad o la firmeza de la ropa de cama; solo la sensación del usuario será determinante y la ropa de cama ideal se adaptará perfectamente a la morfología de quien duerme.

Las limitaciones presupuestarias


Aunque se trate de una inversión a largo plazo, y sepamos que cuanto mayor sea la calidad de la ropa de cama, mayor será su durabilidad, es fácil dejarse seducir por una gran variedad de ofertas a precios atractivos. Sin embargo, es posible que estas no cumplan todos los requisitos exigidos para una buena ropa de cama. Dado que el colchón y el somier son inseparables, y que su perfecta combinación es clave para optimizar el confort, la compra de la ropa de cama implicará, por tanto, la adquisición de ambos elementos.

El coste de una buena ropa de cama es, en un primer momento, proporcional a su calidad. Así, los somieres de láminas serán más económicos que los somieres de muelles, que ofrecen un mayor confort. Lo mismo ocurre, por ejemplo, con los colchones de espuma de poliéster y los de espuma viscoelástica. En segundo lugar, el precio vendrá determinado por la complejidad técnica del material utilizado, dentro de una misma gama de productos. Por ejemplo, a la hora de comprar un colchón de muelles, los colchones de muelles bicónicos serán más económicos que los de muelles ensacados, debido al proceso de fabricación necesario para elaborar este tipo de producto. Por eso resulta difícil comparar un producto concreto con otro y tomar una decisión basándose únicamente en el precio. Las ofertas deben analizarse con mucho detenimiento para poder comparar los componentes de la ropa de cama y tener siempre como criterio de referencia la comodidad y el bienestar.

Cuidado de la ropa de cama y conclusión

Mantenimiento de la ropa de cama


El mantenimiento de la ropa de cama es importante para poder conservarla el mayor tiempo posible en las mejores condiciones, teniendo en cuenta que, de media, la vida útil de la ropa de cama es de diez años. Lo primero que hay que hacer, y que resulta indispensable para mantener la comodidad del colchón, es darle la vuelta —tanto por ambos lados como de cabeza a pies— al menos cada dos semanas durante los primeros meses tras la compra. Esta acción aportará estabilidad a los materiales de relleno, que son flexibles. Posteriormente, esta acción puede espaciarse y realizarse aproximadamente cada tres meses. En el caso de los productos que cuentan con una cara de invierno y otra de verano, con un relleno adaptado a ambas estaciones, es importante respetar el cambio de cara: en octubre para la cara de invierno y en abril para la de verano.

Aunque actualmente se encuentran en el mercado de la ropa de cama colchones con tratamiento antimanchas, no está de más proteger el colchón con una funda de tela fácil de lavar, lo que permitirá mantenerlo limpio. Algunas fundas protectoras para colchones también ofrecen propiedades antiácaros o impermeables. Actúan como barrera entre el cuerpo y el colchón, para evitar que el agua que perdemos al dormir sea absorbida por el colchón, lo que posteriormente provocaría problemas de olor a humedad. Los colchones de látex requieren una ventilación más frecuente, pero no deben exponerse al sol, ya que esto puede ablandar el material natural.

El somier y el colchón también deben limpiarse del polvo para reducir sus efectos alergénicos, simplemente utilizando la aspiradora. Ventilar la habitación es una medida esencial que permitirá mantener un ambiente saludable, y el aire fresco solo puede ser beneficioso para la ropa de cama a la hora de combatir la humedad. Por último, a pesar de todo el cuidado que se haya podido dedicar al colchón durante su fabricación, no es recomendable caminar ni saltar sobre él, ni siquiera doblarlo, para no ejercer una presión excesiva que pudiera dañarlo.

Conclusión


La elección de una buena ropa de cama puede resultar compleja, y la gran variedad de opciones que se ofrecen al consumidor, así como los diferentes precios que se practican, no siempre facilitan la toma de decisiones. Los criterios de elección deben ser personales, y cada uno debe definir adecuadamente sus propios objetivos y su presupuesto antes de lanzarse a la compra de ropa de cama. Sin embargo, esto no debe hacer olvidar que la compra de ropa de cama es una inversión a largo plazo, directamente relacionada con el bienestar y la comodidad, dos criterios imprescindibles a la hora de elegir.

Los profesionales del sector de la ropa de cama son conscientes de este objetivo de comodidad y durabilidad, y ofrecen productos con una relación calidad-precio satisfactoria. No obstante, se recomienda asegurarse de que la ropa de cama cuente con una certificación para garantizar la calidad de los productos que la componen y de los materiales utilizados. Esto es precisamente lo que la web «Habitat et Jardin» se esfuerza por hacer en la amplia gama de productos de ropa de cama que ofrece.

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